Los Evangelios de San Mateo y San Lucas hacen referencia de la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores y la adoración de los Reyes, entre otros detalles que nos hacen más cercano el nacimiento del niño Jesús.
El primer belén viviente del que se tiene constancia fue creado por San Francisco de Asís, en el año 1223 quiso hacer una celebración especial de la navidad, para ello invito a un noble del pueblo italiano de Greccio, a celebrar el nacimiento de Jesús, participando en el pesebre, animales, un buey, una mula, heno, pastores, frailes, etc., fueron los componentes de este belén y se realizo posteriormente una misa en procesión (hoy en día misa del gallo).
En los siglos XIV a XV es cuando los belenes fijos se convierten en algo habitual en las iglesias de Italia, posteriormente se introdujeron en las casas señoriales, siendo en los siglos XVII y XVIII cuando comenzaron a incorporarse en la burguesía y al correr de los años en el pueblo.
Los Belenes llegaron a España en 1759 de la mano de la Reina María Amalia de Sajonia esposa de Carlos III, que habían sigo reyes de Nápoles y Sicilia antes de serlo de España, fue allí (en Nápoles) donde descubrieron los belenes. Hasta entonces Nápoles había sido la cuna de los belenes, pero al venir a reinar en España María Amalia no quiso perder la bella costumbre del belén o nacimiento y lo introdujo en la corte española, donde fue acogido con entusiasmo. Durante su reinado María Amalia de Sajonia llego a encargar más de 200 figuras navideñas a diversos escultores españoles, aunque al principio las hacía traer de Nápoles. Esta tradición que cumplió las pasadas fiestas los 250 años (en España) se ha mantenido hasta nuestros días y se ha ido arraigando en las casas de los españoles como una de las tradiciones principales de las fiestas navideñas.
tarot, numerología, astrología, hidromancia, radiestesia, investigadora PSI-KAPPA, colaboradora TV
martes, 7 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Belchite, un pueblo encantado.
Belchite Viejo situado a 45 kilómetros de Zaragoza fue un pueblo de los más prósperos de principios del siglo XX en la provincia de Zaragoza, entre sus bellos muros de estilo mudéjar llegaron a contabilizarse dos conventos y varias iglesias, símbolo de la buena salud económica.
Los primeros pobladores de este lugar datan de la época romana, aunque muchos pueblos primitivos ocuparon ya estas tierras con anterioridad.
Más tarde, los musulmanes dejaron su huella, hasta la reconquista, cuando Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos y dejo al pueblo en manos del Conde de Belchite. En el siglo XVII, los Belchitanos consiguieron comprar su independencia a la nobleza.
A lo largo de la historia tuvo la mala suerte de que varias batallas acontecieran en sus alrededores y calles.
Comenzando en las guerras púnicas, donde romanos y cartagineses ya tuvieron sangrientas confrontaciones.
En 1809, Belchite fue el escenario de una de las más cruentas batallas entre las tropas españolas y francesas durante la Guerra de la Independencia Española o Guerra del Francés. Los franceses ganaron aquella batalla y Napoleón hizo inscribir el nombre de Belchite en el arco del triunfo de París.
En 1838, las calles de Belchite fueron escenario de duras confrontaciones fruto de las Guerras Carlistas.
En el verano de 1937, en plena guerra civil, los republicanos arrasaron literalmente el pueblo de Belchite, defendido por los nacionales. Seis mil personas, entre soldados y civiles, murieron en pocos días. Apenas un puñado de casas fueron las que quedaron en pie. Finalizada la guerra, Franco ofrece a los supervivientes de Belchite la opción de construir un nuevo pueblo o la de dejar que los Belchitanos se ocupen de la reconstrucción, los Belchitanos optan por el nuevo pueblo.
Desde su total abandono en la década de los 60 y dado su pasado doloroso y sangriento, junto con el perfil fantasmal de edificios semiderruidos. Belchite viejo ha sido un centro de peregrinación para investigadores de lo paranormal de todo el mundo.
Los resultados de estos investigadores no tardaron en producirse. Decenas de psicofonías, sombras que parecen desaparecer en el interior de las casas al paso de los visitantes, fotografías en las que aparecen figuras entre las ruinas, campanas que hace años que desaparecieron y que vuelven a repicar, un niño que suele asomarse en lo más alto del campanario de la iglesia de San Martin.
Esta fue grosso modo la primera información que recibí sobre Belchite cuando uno de esos grupos de parapsicólogos me invito a participar de sus investigaciones. Desde entonces he venido colaborando en varias de las investigaciones parapsicológicas que han ido teniendo lugar en Belchite, en todas y cada una de ellas se ha obtenido algún tipo de registro paranormal, pero las que más abunda son sin duda alguna las psicofonías y mimofonías que todos los integrantes de los diversos grupos hemos llegado a oír.
Por desgracia el pueblo se ha deteriorado muchísimo y actualmente hacer una investigación de este tipo requiere de unos equipos especiales de seguridad, lo que dificulta la concesión de los permisos necesarios.
Los primeros pobladores de este lugar datan de la época romana, aunque muchos pueblos primitivos ocuparon ya estas tierras con anterioridad.
Más tarde, los musulmanes dejaron su huella, hasta la reconquista, cuando Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos y dejo al pueblo en manos del Conde de Belchite. En el siglo XVII, los Belchitanos consiguieron comprar su independencia a la nobleza.
A lo largo de la historia tuvo la mala suerte de que varias batallas acontecieran en sus alrededores y calles.
Comenzando en las guerras púnicas, donde romanos y cartagineses ya tuvieron sangrientas confrontaciones.
En 1809, Belchite fue el escenario de una de las más cruentas batallas entre las tropas españolas y francesas durante la Guerra de la Independencia Española o Guerra del Francés. Los franceses ganaron aquella batalla y Napoleón hizo inscribir el nombre de Belchite en el arco del triunfo de París.
En 1838, las calles de Belchite fueron escenario de duras confrontaciones fruto de las Guerras Carlistas.
En el verano de 1937, en plena guerra civil, los republicanos arrasaron literalmente el pueblo de Belchite, defendido por los nacionales. Seis mil personas, entre soldados y civiles, murieron en pocos días. Apenas un puñado de casas fueron las que quedaron en pie. Finalizada la guerra, Franco ofrece a los supervivientes de Belchite la opción de construir un nuevo pueblo o la de dejar que los Belchitanos se ocupen de la reconstrucción, los Belchitanos optan por el nuevo pueblo.
Desde su total abandono en la década de los 60 y dado su pasado doloroso y sangriento, junto con el perfil fantasmal de edificios semiderruidos. Belchite viejo ha sido un centro de peregrinación para investigadores de lo paranormal de todo el mundo.
Los resultados de estos investigadores no tardaron en producirse. Decenas de psicofonías, sombras que parecen desaparecer en el interior de las casas al paso de los visitantes, fotografías en las que aparecen figuras entre las ruinas, campanas que hace años que desaparecieron y que vuelven a repicar, un niño que suele asomarse en lo más alto del campanario de la iglesia de San Martin.
Esta fue grosso modo la primera información que recibí sobre Belchite cuando uno de esos grupos de parapsicólogos me invito a participar de sus investigaciones. Desde entonces he venido colaborando en varias de las investigaciones parapsicológicas que han ido teniendo lugar en Belchite, en todas y cada una de ellas se ha obtenido algún tipo de registro paranormal, pero las que más abunda son sin duda alguna las psicofonías y mimofonías que todos los integrantes de los diversos grupos hemos llegado a oír.
Por desgracia el pueblo se ha deteriorado muchísimo y actualmente hacer una investigación de este tipo requiere de unos equipos especiales de seguridad, lo que dificulta la concesión de los permisos necesarios.
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